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Jesús es revelado a Juan el bautista por el Espíritu Santo

COMENTARIO BÍBLICO DE WILLIAM MacDONALD.

1:30–31 Juan nunca se cansaba de recordarle a la gente que él estaba sólo preparando el camino para Alguien que venía y que era mayor que él mismo. Jesús era mayor que Juan hasta el mismo punto en que Dios es mayor que el hombre. Juan había nacido unos pocos meses antes que Jesús, pero Jesús había existido desde toda la eternidad. Cuando Juan dijo: Yo no le conocía, no se refería necesariamente a que nunca le hubiese visto antes. Siendo primos, es probable que Juan y Jesús se conociesen bien. Pero Juan no había reconocido la condición mesiánica de su Primo hasta el tiempo de Su bautismo. La misión de Juan era preparar el camino del Señor, y luego manifestarlo a todo el pueblo de Israel cuando apareciese. Fue por esta razón que Juan bautizaba a la gente con agua para prepararlos para la venida de Cristo. No tenía el propósito de atraer discípulos a sí mismo.

1:32 La referencia aquí es a cuando Juan había bautizado a Jesús en el Jordán. Después que el Señor subió del agua, el Espíritu de Dios descendió sobre él como una paloma, y permaneció sobre él (cf. Mt. 3:16). El escritor pasa luego a explicar el significado de esto.

1:33 Dios había revelado a Juan que el Mesías iba a venir y que cuando viniese, el Espíritu descendería y permanecería sobre él (cf. Mt. 3:16). Por ello, cuando esto sucedió con Jesús, Juan se dio cuenta de que Él era quien bautizaría con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es una Persona, una de las tres Personas en la Deidad. Él es igual con Dios
Padre y Dios Hijo.
COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO por WILLIAM HENDRIKSEN
31. Y yo no le conocía. El Bautista quiere decir: “Para mí era tan desconocido como para vosotros”. El verbo οδα (aquí δειν, pluscuamperfecto con significado de imperfecto) indica un proceso mental. Se refiere a un conocimiento por intuición o reflexión, en contraposición a γινώσκω, que se refiere a un conocimiento por observación y experiencia. Es, naturalmente, posible que Juan, habitante de Judea, no hubiera tenido relaciones estrechas con Jesús, que había vivido la mayor parte de su vida en Galilea. No obstante, se ve claramente en el contexto (versículo 33) que aquí se hace referencia a algo más allá de un mero conocimiento físico: el Bautista confiesa que le tuvo que ser revelado de lo alto que este Jesús era el Cristo. En ese sentido no lo había conocido. Mas para que él (Jesús en aquel oficio) fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando con agua. El agua simbolizaba la impureza del pecado,43 lo cual daba a Juan la oportunidad de señalar a (o de hablar de) Jesús como el Cordero de Dios que está quitando el pecado del mundo.

32. Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu descendiendo del cielo como una
paloma, y reposó sobre él.
Aquí el evangelista parece dar por sentado que los lectores ya conocen los Sinópticos, pues en éstos la ocasión en que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de paloma está claramente relatada (Mt. 3:13–17; Mr. 1:9, 10; Lc. 3:21, 22) y no simplemente sobre entendido como en el versículo 33. Por ello, el escritor del cuarto Evangelio omite informar a sus lectores con claridad que este acontecimiento tuvo lugar cuando Jesús fue bautizado. Para el significado de los verbos dar testimonio y ver, véase respectivamente la explicación de 1:7 y de 1:14. Lc. 3:22 arroja luz sobre varios de los términos que hallamos en Jn. 1:32–34. Así, haciendo una comparación, descubrimos que lo que Juan vio fue el Espíritu Santo. Por supuesto, el Espíritu mismo no tiene cuerpo y no se puede ver con los ojos físicos. Pero se nos dice abiertamente que la tercera Persona de la Trinidad se manifestó al Bautista bajo el simbolismo de una paloma. Lo que se vio físicamente fue una forma corpórea como una paloma, como también explica Lc. 3:22. No se sabe exactamente por qué Dios escogió una paloma para representar al Espíritu Santo. Algunos comentaristas señalan la pureza, la mansedumbre y la gracia de la paloma, propiedades éstas que, en grado infinito, caracterizan al Espíritu. Es posible que esta explicación sea correcta. Juan observó que aquella forma corporal reposó (por unos momentos) sobre Jesús; es decir, no desapareció inmediatamente. Basándonos en pasajes tales como 3:34; Lc. 4:18 y siguientes; e Is. 61:1 y siguientes, podemos decir lo que Juan vio fue la manifestación visible del ungimiento de Jesús por el Espíritu Santo. Este ungimiento, como indican las referencias, incluye dos elementos: a. que Dios ordenó al Mediador para su obra específica, y b. que el Mediador fue capacitado de cumplirla.

33. Y yo no le conocía. El Bautista repite que anteriormente no tenía conocimiento de Jesús en su función del Mesías (véase versículo 31). De ahí que su testimonio sea aun más valioso, pues le fue dado de lo alto, y se apoyaba en una revelación sobrenatural. Mas el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con el Espíritu Santo. Juan cita las palabras de su divino Señor. Para una explicación en cuanto al bautismo con agua en contraposición al bautismo con el Espíritu Santo, véase el comentario sobre 1:26. Obsérvese la repetición de pronombres en este versículo, y véanse páginas 66, 67.

(Biblia de Estudio Plenitud.) 1. 33 El testimonio de Juan era confiable porque vino como revelación divina. Como el Cordero de Dios, Jesús nos justifica y quita nuestros pecados (v. 29); como el que bautiza con el Espíritu Santo, él nos llena y enviste con el poder que capacita.

(Biblia de Estudio Diario de Vivir.) 1.31-34 En el bautismo de Jesús, Juan el Bautista lo declaró como el Mesías. En ese momento Dios le dio una señal a Juan de que en verdad El había enviado a Jesús (1.33). Juan y Jesús eran parientes (véase Luk_1:36), de modo que Juan sabía quién era. Pero no fue sino hasta su bautismo que Juan comprendió que Jesús era el Mesías. El bautismo de Jesús se relata en Mat_3:13-17; Mar_1:9-11 y Luk_3:21-22.

(Comentario Bíblico Mundo Hispano.) El pronombre yo (v. 31) es enfático. Vincent lo traduce así: “Y yo, aunque yo anunciaba de antemano su venida, no lo conocía”. La RVA omite la conjunción que está unida al pronombre, lo cual debe traducirse “Y yo…”, una combinación usada unas 30 veces en Juan, indicando la influencia del arameo. Indudablemente Juan conocía a Jesús, dada la relación entre su familia y la de Jesús (ver Luk_1:39-45), pero no lo conocía oficialmente como el Mesías. Esto no contradice Mat_3:14 donde dice: “Yo necesito ser bautizado por ti”, indicando su aprecio por Jesús como superior a él, pero todavía no como el Mesías. Pero para que él fuese manifestado a Israel explica el propósito del ministerio de Juan. Su misión de llamar a los hombres al arrepentimiento no tenía un fin en sí, sino que preparaba a los hombres para la manifestación del Mesías. El verbo “manifestar” es otra palabra favorita en Juan, usado numerosas veces en el Evangelio, las Epístolas y Apocalipsis.

El Bautista continua su testimonio respecto a Jesús (ver vv. 7, 8, 15, 19, 34), ahora explicando cómo llegó a reconocerlo como el Mesías. He visto traduce un verbo que significa “contemplar con los ojos físicos” y se conjuga en tiempo perfecto, lo que indica resultados continuados. Juan no está hablando de una visión, o de una mirada pasajera, sino de una contemplación sostenida. Posó sobre él probablemente indica una permanencia durante todo su ministerio terrenal.

Juan repite: Yo no le conocía (a Jesús como el Mesías) hasta la revelación del Padre. Éste le dio una señal para identificar al Mesías quien bautizaría en el Espíritu Santo. Este conocimiento no vino por antecedentes, ni por deducción personal, sino por una revelación definida de Dios. La preposición en  G1722 en griego suele tener el significado instrumental, “con” o “por”, pero aquí es locativo, indicando el elemento en el cual se realiza el bautismo, como en el caso del bautismo en agua. Corroborando esta interpretación, la ausencia del artículo definido ante Espíritu Santo, en el texto gr., indicaría un ambiente de influencia espiritual del Paracleto más bien que su personalidad.

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